miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿Quiénes fueron los sofistas?

¿QUIÉNES FUERON LOS SOFISTAS?
por
Peredur

El significado del término “sofista”. 

A pesar de las connotaciones despectivas que el término griego sophistés (sofista) adquirió en época de Sócrates, éste comparte su raíz con palabras como sophía (sabiduría) y sophós (sabio). Esto se debe a que con anterioridad al siglo V a.C. el término hacía referencia a todo aquel que mostraba sabiduría o habilidad en determinados conocimientos y actividades prácticas. En este sentido, tanto Pitágoras como un hábil carpintero de barcos podían ser nombrados por la tradición como sofistas.

A partir del siglo V a.C. el significado del término adquirió otras connotaciones. En este siglo “sofista” comenzó a designar también a los educadores o maestros ambulantes que, llegados a Atenas desde ciudades extranjeras, se ofrecían públicamente para transmitir sus conocimientos a cambio de dinero. Fueron las críticas hacia estos maestros de sabiduría las que confirieron al término “sofista” un sentido peyorativo. Estas críticas, que provenían de varios sectores de la sociedad ateniense, y no sólo de intelectuales como Aristófanes o Platón, se centraron principalmente sobre dos aspectos: a) sobre su condición de comerciantes de sabiduría, pues vendían sus conocimientos al mejor postor, y b) sobre su relativismo cultural, ya que negaban la existencia de verdades universales y absolutas en favor del subjetivismo y el convencionalismo social. Como resultado de estas críticas, para muchos atenienses del siglo V a.C. el término sofista pasó a designar a los charlatanes que se dedicaban a embaucar a los miembros más jóvenes de las familias adineradas cobrándoles grandes sumas de dinero a cambio de una sabiduría aparente. 

Los sofistas: integrantes y periodos.

Los especialistas suelen distinguir dos periodos sofísticos, ambos localizados cronológicamente en el siglo V a.C. El primero, más vinculado a los valores griegos tradicionales, se desarrolló con anterioridad a la Guerra del Peloponeso que enfrentó a Esparta y Átenas y que acabó con la primacía de esta última sobre Grecia; y el segundo, marcadamente individualista y subversivo, fue contemporáneo de la guerra (431-404 a.C.). Los sofistas más importantes de la primera época, ninguno de ellos ateniense, son Protágoras, Gorgias, Pródico e Hipias. Mientras que de la segunda destacan Antifonte, Licofrón, Alcidamante y Calicles. 

¿Escuela sofística o movimiento intelectual? 

Uno de los rasgos que define al grupo de los sofistas es su individualismo, el cual les llevó a rivalizar entre sí. No es conveniente, por lo tanto, hablar de ellos como de una escuela. Sin embargo, tampoco es adecuado decir de ellos que no tuvieron nada en común, pues, aunque individualistas, los sofistas compartieron entre sí los suficientes rasgos como para que les consideremos en su conjunto un movimiento intelectual.

La areté política como objetivo de las enseñanzas sofísticas.

Los sofistas, especialmente los pertenecientes al primer periodo, se presentaban a sí mismos como maestros de areté, esto es, como maestros de virtud y excelencia política. Su objetivo, por lo tanto, consistía ─según ellos─ en convertir a los hombres en buenos y excelentes ciudadanos.

Rasgos comunes del pensamiento sofístico. 

Los rasgos comunes del movimiento intelectual sofístico pueden ser agrupados en tres bloques fundamentales: 1) el subjetivismo cognoscitivo, 2) el relativismo ético, político y cultural, y 3) la retórica o el arte de la persuasión. Todos estos aspectos se encuentran en el pensamiento sofístico estrechamente relacionados entre sí. El subjetivismo cognoscitivo postulado por los sofistas, el cual niega la existencia de verdades universales, conduce necesariamente al relativismo ético, político y cultural, pues al no existir ─según ellos─ ninguna ley universal que determine qué es lo bueno y qué lo justo, éstos valores pasan a ser relativos y a entenderse como sujetos a los convencionalismos sociales. Como consecuencia, la retórica se convierte en el instrumento sofístico por excelencia, pues es una herramienta esencial a la hora de persuadir a los otros sobre qué es lo bueno y qué lo justo. 

"Sofistas. Testimonios y fragmentos" (trad. de A. Melero Bellido) 

domingo, 25 de septiembre de 2011

La astronomía, la cosmología y la ciencia física antes de Nicolás Copérnico

LA ASTRONOMÍA, LA COSMOLOGÍA Y LA CIENCIA FÍSICA ANTES DE NICOLÁS COPÉRNICO
por
Peredur

Platón y el ideal matemático de universo. 

Aunque Platón (Atenas, 428-347 a.C.) nunca llegó a ser un astrónomo profesional, esto no le impidió formular en el Timeo ─diálogo escrito en los últimos años de su vida─ un nuevo ideal de universo conforme al cual, trascendiendo los registros observacionales, la astronomía habría de ajustarse a un modelo matemático de cosmos. Según este ideal, la belleza y la perfección del mundo inteligible ─plano de la realidad en el que habitan las Formas imperecederas─, al servir de modelo para el mundo sensible o de las apariencias ─cárcel terrenal del hombre─, le aporta a éste la belleza y la perfección propias de lo eterno e inmutable. Pues, en efecto, según puede leerse en el Timeo, el mundo sensible fue creado por el Demiurgo ─el Hacedor─ a imagen y semejanza del inteligible. En consecuencia, el hombre sólo puede tener acceso a la forma del cosmos mediante conocimientos, como las matemáticas, que no sean sensibles, sino racionales. Por lo tanto, si los verdaderos movimientos de los astros son perceptibles para la razón y el pensamiento, pero no para la vista, la astronomía debía salvar las apariencias elaborando hipótesis matemáticas que lograran dar cuenta del movimiento irregular de los astros. 

El sistema aristotélico-ptolemaico. 

En las universidades europeas del siglo XVI la formación científica sobre el universo se ofrecía mediante dos tipos distintos de enseñanza, según fuera tratada por los cosmólogos ─los cuales reflexionaban sobre la phýsis o naturaleza física del mundo─ o por los astrónomos ─que observaban los cuerpos celestes para calcular su posición y prever su movimiento─. Los cosmólogos seguían el paradigma revisado por los árabes de las esferas homocéntricas de Eudoxo de Cnido (Asia Menor, 408-355 a.C.), su discípulo Calipo y Aristóteles (Estagira, 384-322 a.C.), mientras que los astrónomos, por su parte, adoptaban el sistema de cálculo de los excéntricos y los epiciclos que aparecía en el Almagesto de Ptolomeo (90-168 d.C.) y que posteriormente había sido retocado por otros astrónomos. Así, mientras el sistema de las esferas homocéntricas era aceptado como descripción verdadera y realista del mundo, el sistema de los excéntricos y los epiciclos lo era tan sólo como instrumento de cálculo para explicar y prever los movimientos celestes. 

En el sistema de esferas homocéntricas la Tierra ocupaba el centro del universo, mientras el Sol, la Luna y los demás planetas estaban engastados en esferas concéntricas de éter que se contenían mutuamente hasta llegar a la octava y última, de las estrellas fijas, que englobaba a todas las demás. Esta última giraba de este a oeste con velocidad uniforme, lo cual venía a explicar el movimiento aparente de las estrellas. Sin embargo, a la hora de dar cuenta del movimiento de los planetas, movimiento que debía ser uniforme y circular, el modelo cosmológico de esferas homocéntricas no se correspondía con las observaciones, pues no explicaba ni el movimiento irregular de los planetas ni el hecho de que éstos aparecieran indistintamente más lejos o más cerca de la Tierra, y ello a pesar de estar engastados en esferas perfectas que harían que su distancia respecto de la Tierra fuera siempre la misma. 

En el sistema de los excéntricos y los epiciclos el movimiento de los cuerpos celestes se ajustaba con mayor fidelidad a las observaciones, pues éste no era ya un modelo físico ─esto es, cosmológico─, sino matemático, cuyo objetivo era explicar y prever el movimiento de los planetas. Ahora bien, con el solo objeto de “salvar las apariencias”, los astrónomos introducían innumerables invenciones teóricas ─hoy las llamaríamos explicaciones ad hoc─ que no eran plenamente satisfactorias y que complicaban el conjunto del sistema alejándolo del sencillo modelo geométrico del que hablara Platón. Por lo general, estos astrónomos hacían girar a los cuerpos celestes sobre la circunferencia de un círculo, el epiciclo, cuyo centro giraba a su vez a lo largo de la circunferencia de otro círculo, el deferente, el cual en muchos casos era excéntrico, pues su centro no coincidía exactamente con el de la Tierra. 

El universo de las dos esferas y la física aristotélica. 

El paradigma de ciencia física que predominaba en las universidades del siglo XVI no era sino el establecido por Aristóteles. De acuerdo con éste, el cual había adoptado el sistema de esferas homocéntricas de Eudoxo de Cnido y Calipo, el cosmos se encontraba dividido en dos partes bien diferenciadas según su phýsis o naturaleza física intrínseca, a saber, el mundo sublunar de lo perecedero y el supralunar de lo inmutable, eterno, atemporal, increado e indestructible; siendo la línea divisoria entre ambos no otra que la situada en la esfera de la Luna. En efecto, según el de Estagira, el movimiento de los cuerpos supralunares, incluido el de la propia Luna, era siempre un movimiento circular y uniforme, lo que no ocurría con los movimientos naturales y violentos que acaecían en el mundo sublunar o terrestre. En cuanto a los movimientos naturales ─siempre perpendiculares y de aproximación o alejamiento respecto del centro del universo, que era también el centro de la Tierra─, éstos obedecían a la propia naturaleza de los cuerpos, los cuales estaban formados por cuatro elementos ─tierra, agua, aire y fuego─, cada uno de los cuales ─y en este orden─ tendía naturalmente a ocupar una posición más próxima o más alejada respecto del centro del universo. En cuanto a los movimientos violentos, éstos eran el resultado de variar la trayectoria natural de un cuerpo al interceder sobre él arrastrándolo o empujándolo.

Sistema de esferas homocéntricas

martes, 20 de septiembre de 2011

María Zambrano: tradición viva del pensamiento español

MARÍA ZAMBRANO: TRADICIÓN VIVA DEL PENSAMIENTO ESPAÑOL
por
Peredur

[Publicado por Zona Libre, nº. 6, Excmo. Ayuntamiento de Yepes, Toledo, 2004, p. 6].

Veinte años nos separan desde la triste ─aunque por ley de vida─ inevitable desaparición de María Zambrano, una de las últimas y más grandes intelectuales que ha dado este espacio de tierra habitable al que llamamos España. Por eso mismo, debido a esa docilidad de análisis con la que el paso del tiempo ─en su justo medio, como es el caso─ no premia, no nos resultará difícil volver la mirada atrás y, retrospectivamente, efectuar una valoración de ese pensamiento poético cuya génesis se encuentra ya en los años mozos de la ilustre pensadora malagueña. Así de fácil, como si el paso de los años todavía próximos nos despejara todo ese entramado de caminos y senderos ─algunos transitados y otros únicamente apuntados─ que esperan al aguerrido lector desde las profundidades de ese extenso bosque que es la obra de nuestra autora. Y sin embargo, ¿no se oculta una gran necedad en esta actitud? Pues, ¿quién podría en tan pocas páginas, no ya plasmar las líneas centrales del pensamiento de María Zambrano, sino, incluso, tener la intención de hacerlo y, a la vez, no incurrir en soberbia? Por ello, para evitar tal inconveniente, estas líneas no pretenden convertirse en algo semejante al camarote de los hermanos Marx, en donde los pedazos de un pensamiento aún vivo ─y, por lo tanto, difícil de atrapar─ quedan asfixiados en tan reducido hábitat ─que es el papel─, haciendo del lógos palpitante letra muerta. Sean estas páginas, por lo contrario, no otra cosa que un homenaje al pensamiento vivo de María Zambrano, «actividad incesante» que ella proponía «para no estar muertos antes de morir» y que, en su caso, le trae en muerte a la vida a través de ese alborear que es la palabra, «llama que devora y puede crear, a su vez, algo no visto ni oído hasta entonces, eso que se llama una obra que vivirá siempre mientras el cuerpo que la sustentó cae en cenizas sin nombre siquiera, sin nombre».

Gran placer produce en el que ama la vida ver cómo ésta se abre camino desde la boca del ataúd que, tragado por la tierra, germina en tradición. Pues no otra cosa es esta tierra española ─sembrada por los cuerpos de quienes nos precedieron─ que tradición; intrahistoria de muchas vidas ya olvidadas, pero de cuya semilla se ha hecho España. No obstante, nadie sabe con seguridad cuántos son los años que han de transcurrir para que cada semilla ─cada pensamiento─ haga brotar su pedacito de tradición. Veinte ─como dijimos más arriba─ son los años que han pasado desde la muerte de María Zambrano. ¿Habrán sido suficientes? Sea como fuere, lo cierto es que ya hay quienes se aventuran a decir que su obra ha supuesto «un importante hito en el desarrollo filosófico de nuestra cultura», como si el incorporar a María Zambrano dentro de nuestra tradición  ─oficial─ resultara algo apremiante. ¿No se dan cuenta, acaso, de que se hallan en un absurdo? Pues la tradición no es algo que se introduce o se saca del morral según se tenga mayor o menor necesidad para el camino. La tradición, muy al contrario, es algo que siempre va con nosotros, es ese algo que acarreamos sobre nuestras espaldas, como si se tratara del enano ─espíritu de la pesadez─ del Zaratustra, que nos susurra al oído: «¡Tú, piedra de la sabiduría! Te has arrojado a ti mismo hacia arriba, mas toda piedra arrojada ¡tiene que caer!». La tradición, así entendida, aparece con una fuerza que tira de nosotros hacia abajo, hacia la tierra, nuestra tierra, la que será nuestra; germen de esa piedra de la sabiduría que es nuestra filosofía. Y así ─como escribió María Zambrano─ nos encontramos con que «toda sabiduría es tradicional», es tradición:
«Conmigo irás mientras proyecte sombra mi cuerpo y quede a mi sandalia arena».
¿De qué otra forma podría ser? En efecto, Zambrano siempre desplegó su filosofía, no como únicamente suya, generación espontánea del pensamiento, sino a la manera de un sentir ─que también es un pensar─ siempre enraizado con nuestra tradición más auténtica, aquella que se da en la sabiduría no oficial, intrahistórica, de esas gentes sin historia ─del cada uno─ que en su cita con la aurora ─como apuntaba Unamuno─ «se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor eterna». Igualmente atenta, tampoco volvió Zambrano la espalda a esa otra tradición española del pensamiento que es nuestra literatura. San Juan de la Cruz, Cervantes, Galdós, Machado,... reaparecen en sus obras como un ejemplo más de esa sabiduría propia del ser español, la cual no por ser literatura carece de contenido metafísico. Por eso, podemos decir que, pensadora comprometida ─con esa España que ella siempre quiso recobrar, se entiende─, María Zambrano no dejó nunca de posar su mirada allí donde su corazón ya se encontraba. No se perdió en ella esa monedita del alma de la que hablaba Machado. Mas,
«Hoy dista mucho de ayer. ¡Ayer es nunca jamás!».
[Publicado por Zona Libre, nº. 6, Excmo. Ayuntamiento de Yepes, Toledo, 2004, p. 6].

 María Zambrano (1904-1991)


lunes, 19 de septiembre de 2011

Filolao de Crotona

FILOLAO DE CROTONA
por
Peredur

El más representativo y mejor documentado de los pitagóricos del siglo V a.C. es Filolao de Crotona, el cual vivió aproximadamente en la misma época que Sócrates ─quién nació en 470 a.C.─. Filolao va a aportar a la doctrina pitagórica buena parte de la reflexión filosófica de la que carecía el pitagorismo antiguo, convirtiéndolo en un dualismo de principios. Su principal preocupación se centra en definir en qué consiste la armonía (harmonía). Ésta ─dirá─ es la irrupción del límite (péras) sobre lo ilimitado (ápeiron), pues lo ilimitado e indefinido carece por sí mismo de orden y armonía hasta que lo limitante lo ajusta y ordena. Ciertamente, la escala musical de lo agudo y lo grave es por sí misma ilimitada; sin embargo, la medida y el límite, representadas por los acordes sometidos a relaciones numéricas, imponen sobre ella la armonía que la música nos revela.

Si para Filolao la pareja fundamental de opuestos es la formada por el límite y lo ilimitado, entre los pitagóricos del siglo V a.C. ésta no era la única. Según Aristóteles, entre éstos circulaba una tabla que contenía diez manifestaciones de los opuestos primarios en diferentes esferas. En esta tabla, cada par situado en la columna de la izquierda representa un bien y los de la derecha su correspondiente mal.

Textos
«La naturaleza en el mundo advino harmónica a partir de ilimitados y limitantes, tanto el universo todo como lo que contiene»; [Diógenes Laercio, Vida y opiniones de los filósofos más ilustres, VIII 85].
«Otros miembros de la misma escuela dicen que los principios son diez y los disponen por columnas de pares correlatos:
límite e ilimitado
impar y par
uno y múltiple
derecho e izquierdo
masculino y femenino
estático y dinámico
derecho y curvo
luz y oscuridad
bueno y malo
cuadrado y oblongo»;
[Aristóteles, Metafísica, 486 a 22].

domingo, 18 de septiembre de 2011

Pitágoras de Samos y el pitagorismo del siglo V a.C.

PITÁGORAS DE SAMOS Y EL PITAGORISMO DEL SIGLO V a.C.
por
Peredur

Pitágoras de Samos.

A pesar de que disponemos de varios informes sobre su persona, muy poco es lo que sabemos con certeza acerca de la vida de Pitágoras. De acuerdo con la tradición doxográfica, éste vivió durante la segunda mitad del siglo VI a.C. Nació en la isla de Samos, próxima a la costa jónica. Sin embargo, como ocurriera con Jenófanes, el exilio forzado le llevó a establecerse en el sur de la península Itálica, en la ciudad de Crotona. Aquí llegó a ejercer una gran influencia sobre la población, hasta el punto de que fundó una cofradía filosófico-religiosa. Una de las normas de esta secta o cofradía consistía en no poner por escrito el contenido de su sabiduría, lo cual nos ha impedido distinguir entre las aportaciones originales de su fundador y las de sus discípulos. Como consecuencia, hablar de Pitágoras es hablar necesariamente de sus seguidores y del movimiento filosófico-religioso por él fundado: el pitagorismo.

El pitagorismo del siglo V a.C.

Durante el siglo V a.C. el pitagorismo se diversificó en dos ramas, a saber, la religiosa y la filosófica, cada una de las cuales hubo de seguir una de las dos líneas maestras del pensamiento de su fundador.

Los acusmáticos y el pitagorismo religioso.

El grupo de los acusmáticos estaba integrado por los seguidores del maestro que decidieron adoptar el pitagorismo exclusivamente como un modo de vida religiosa. Su nombre proviene de la palabra griega ácusmata, que significa “cosas oídas”, lo cual implica que seguían una enseñanza de transmisión oral. Así, a los iniciados en esta cofradía se les exigía posiblemente que memorizasen estos ácusmata en tanto que máximas religiosas que habrían de guiar sus vidas hacia la salvación de sus almas. Por lo general, estos ácusmata nos hablan de reglas de abstinencia, como, por ejemplo, no comer habas. Ahora bien, su significado, que en la gran mayoría de los casos es completamente esotérico, se nos escapa. Una lectura e interpretación del sistema religioso de esta escuela puede ser consultada en la sugerente obra de Marcel Detienne Los jardines de Adonis.

Los matemáticos y el pitagorismo filosófico. Contemplación, armonía y purificación. El mundo es número y harmonía.

En el grupo formado por los matemáticos reconocemos a los pitagóricos que combinaron la doctrina de salvación de su maestro con la especulación filosófica. Tres son las nociones fundamentales que dan coherencia al pensamiento de este grupo: la contemplación (theoría), la armonía (harmonía) y la purificación del alma (kátharsis), pues, como vamos a ver a continuación, para éstos, sólo a través de la contemplación de la armonía del universo y asemejándose a ella el hombre podía purificarse y escapar del ciclo de reencarnaciones al que se encontraba sometida su alma, adquiriendo así la inmortalidad.
Por un lado, los pitagóricos matemáticos consideraban que el kósmos era todo él número y harmonía. Número, pues parece que éstos identificaban cada una de las unidades físicas indivisibles con el punto geométrico, y éste, a su vez, con la unidad aritmética. Y harmonía, porque en el kósmos podía constatarse la existencia de un orden matemático. Por poner un ejemplo, para éstos pitagóricos las velocidades y distancias de los cuerpos celestes se ordenaban conforme a una armonía matemática denominada por ellos la armonía de las esferas. Es muy posible que el estudio de la música fuera la vía que les condujo a concebir el mundo como número y armonía, pues, en efecto, parece que ya Pitágoras había podido constatar que los acordes musicales podían ser expresados como relaciones entre los cuatro primeros números. Así, la relación 2:1 expresa una octava, la relación 3:2 una quinta y la relación 4:3 una cuarta. Estos cuatro números, cuya suma total da como resultado la década (1 + 2 + 3 + 4 = 10), eran conocidos en su conjunto como la tetractýs, y ésta, qué duda cabe, era para ellos el símbolo de la armonía del kósmos. Por otro lado, la tradición doxográfica no duda en atribuir a Pitágoras y sus seguidores la doctrina de la inmortalidad del alma y su sometimiento a sucesivos e indefinidos ciclos de reencarnaciones. Por ello, para escapar de este proceso y alcanzar la inmortalidad en la Islas de los Bienaventurados, los pitagóricos debían entregarse a la contemplación de la armonía del kósmos, pues sólo asemejándose a ésta sus almas podrían alcanzar la purificación liberándose de toda reencarnación ulterior.

Textos
«Aristóteles dice, en su obra sobre los Pitagóricos, que Pitágoras prescribió la abstención de habas, o porque eran parecidas a las partes pudendas, o porque se parecían a las puertas del Hades (pues ésta es la única planta que no tiene ángulos), o porque son destructoras, o porque son similares a la naturaleza del universo, o porque son oligárquicas (pues se usan en la elección de los gobernantes a sorteo). Se les prohibía recoger la comida caída de la mesa para acostumbrarles a comer con moderación, o porque tales hechos indicaban la muerte de alguien. [...] No deben tocar a un gallo blanco, porque este animal está consagrado al Mes y es un suplicante y la súplica es una buena cosa. El gallo está consagrado al Mes, porque anuncia las horas; también lo blanco es de la naturaleza de lo bueno y lo negro de la naturaleza de lo malo. No debían tocar peces que estuvieran consagrados, porque no era correcto que a los dioses se sirvieran los mismos platos que a los hombres, como tampoco se hacía entre los hombres libres y los esclavos. No debían quebrar el pan (porque, sobre un pan, se encontraban los amigos en los tiempos antiguos, como todavía hoy hacen los bárbaros), ni tampoco deben dividir el pan que les une. Otros explican la norma, por referencia al juicio en el Hades. Otros dicen que la división causaría cobardía en la guerra; otros dan la explicación de que del pan comienza el universo» [Diogenes Laercio, Vida y opiniones de los filósofos más ilustres, VIII 34-35].
«También los pitagóricos creen en una sola clase de número ─el matemático─; sólo que dicen que no está separado, sino que de él se componen las sustancias sensibles. Pues construyen todo el universo a base de números ─y creen que éstos no se componen de unidades abstractas; sino que suponen que las unidades tienen magnitud espacial» [Aristóteles, Metafísica, 1080 b 16].
«¿Qué es el Oráculo de Delfos?: la tetractýs: que es la harmonía en la que cantan las sirenas. [...]. ¿Qué es lo más hermoso? la Harmonía» [Jámblico, Vida de Pitágoras, 82].

sábado, 10 de septiembre de 2011

Características fundamentales del Racionalismo moderno

CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES DEL RACIONALISMO MODERNO
por
Peredur

El Racionalismo moderno de los siglos XVII y XVIII se inicia con Descartes (1596-1650) y se desarrolla en la Europa continental con autores como Malebranche (1638-1715), Spinoza (1632-1677) y Leibniz (1646-1716). Desde un punto de vista de conjunto, los rasgos fundamentales que lo caracterizan son los siguientes:

1. Nuestro conocimiento acerca de la realidad procede, no de los sentidos, sino de la razón y el entendimiento.

2. El conocimiento sólo puede ser construido deductivamente a partir de unos primeros principios o ideas innatas del entendimiento que nada tienen que ver con las experiencias sensibles.

3. El entendimiento sólo conoce directamente sus propios contenidos, a los que denomina ideas. Esta concepción de las ideas difiere tanto de la platónica como de la agustiniana.

4. La deducción y especialmente la intuición intelectual son los instrumentos más adecuados para alcanzar un conocimiento cierto:

a) La intuición es la operación intelectual a través de la cual se captan determinadas ideas de un modo tan claro y distinto que no existe la posibilidad de poner en duda la absoluta certeza de lo así captado.

b) La deducción es la operación intelectual que permite obtener un conocimiento verdadero a partir de otros conocimientos previamente reconocidos como ciertos y verdaderos. De ahí que la inferencia deductiva sea en el fondo una intuición que se prolonga a lo largo de una cadena de razonamientos.

5. El modelo y paradigma de conocimiento es el de las matemáticas ─geometría y aritmética─.

6. Confianza en la razón, la cual no tiene límites y puede alcanzar a conocer todo lo real.

7. Defensa de la racionalidad del mundo. Todo lo que sucede en el mundo, todo lo que compone la realidad, tiene una justificación que la razón puede llegar a conocer.

"El hombre de Vitruvio" (Leonardo Da Vinci)

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La Grecia prefilosófica y los orígenes del pensamiento racional

LA GRECIA PREFILOSÓFICA Y LOS ORÍGENES DEL PENSAMIENTO RACIONAL
por
Peredur

El origen griego de la filosofía frente al origen oriental de la civilización

Es una opinión generalizada entre los especialistas el considerar la filosofía como una creación griega. Ciertamente, hasta la aparición de la filosofía en la costa jónica de la península de Anatolia ─esto es, en la costa de la actual Turquía─, la totalidad de los avances culturales de la humanidad habían partido de Oriente Próximo (Mesopotamia) y Egipto. Fue en estas regiones donde se comenzó a cultivar la tierra por primera vez dando origen a la agricultura; también aquí aparecieron las primeras ciudades y Estados complejos; asimismo, la invención de la escritura y la aparición de los primeros conocimientos científicos ─matemáticas y astronomía especialmente─ también encuentran su origen en estas regiones de Oriente. Sin embargo, el nacimiento de la filosofía y del pensamiento racional no se produjo en Oriente Próximo, sino en la región de Europa que actualmente conocemos como Grecia.

Factores sociales, políticos y económicos que favorecieron el origen en Grecia de la filosofía

Uno de los factores que favorecieron el nacimiento de la filosofía en Grecia fue su alto grado de libertad religiosa, el cual fue mayor que el existente en Oriente Próximo y Egipto. Esta situación permitió la aparición de pensadores que intentaron explicar la visión del mundo que ofrecía la religión desde una perspectiva no ya mítica o religiosa, sino racional. Ahora bien, ¿cuáles fueron las causas de esta mayor libertad? En primer lugar, en Grecia nunca existieron libros sagrados en los que poder preservar de forma inamovible unos dogmas ─de hecho, durante la Época Oscura (siglos XII-IX a.C.) los griegos ignoraron la técnica de la escritura─. Y, en segundo lugar, tampoco llegó a existir en Grecia una clase sacerdotal a la manera oriental que pudiera velar por la integridad de dogmas religiosos. En lugar de dogmas escritos y una clase sacerdotal, los griegos contaron con la épica y la poesía oral de los poetas y aedos, los cuales cantaban y narraban el origen del mundo y de las divinidades, las riñas de éstas entre sí, las relaciones entre los hombres y los dioses, las hazañas de los héroes de antaño, etc. Ahora bien, al no formar parte de una clase sacerdotal, éstos poetas no necesitaban ser fieles a un dogma y, por lo tanto, podían variar a su antojo el tratamiento y el enfoque de sus poemas. De hecho, es indudable que algunos de los filósofos presocráticos más representativos, como Jenófanes, Parménides o Empédocles, se vieron a sí mismos como poetas que debían cumplir con la función ancestral de la poesía griega, a saber, educar al pueblo, aunque no ya a través de explicaciones de carácter mítico, sino racional.

Si la economía griega se había sustentado desde siempre en la agricultura y la ganadería, a partir de los siglos VII y VI a.C. la industria manufacturera y el comercio comenzaron a ocupar un lugar cada vez más importante en la economía de las ciudades. Los contactos comerciales se extendieron rápidamente. Estos contactos pusieron de manifiesto la gran variedad de creencias y costumbres humanas existentes, lo cual favoreció la idea, que explotaron más tarde los sofistas, de que no hay leyes culturales universales ─esto es, morales, políticas, religiosas, etc.─, sino que éstas son producto de cada sociedad en concreto.  

Durante los últimos siglos de la Época Oscura de Grecia, esto es, durante los siglos IX y VIII a.C., el despoblamiento de las aldeas y la paulatina agrupación de las gentes en núcleos urbanos dio como resultado la aparición de las póleis o ciudades-Estado. En un primer momento, el gobierno de estas póleis fue de tipo monárquico, pero el progresivo aumento de poder por parte de los nobles y terratenientes terminó sustituyendo las monarquías por gobiernos de naturaleza aristocrática. Esta nobleza terrateniente es la que aparece reflejada en los poemas de Homero, y en ella pueden apreciarse ya determinadas instituciones arcaicas, como son los juegos funerarios, el reparto del botín o las asambleas deliberativas ─todas ellas vinculadas con el grupo de los guerreros─, las cuales incorporan en su funcionamiento y composición los antecedentes del igualitarismo y del empleo público de la palabra que serían utilizados tanto por la filosofía como por la democracia.

El pensamiento mítico-religioso de los adivinos y poetas griegos

Como puede constatarse al leer los fragmentos conservados de buena parte de los filósofos presocráticos, las primeras manifestaciones filosóficas del pueblo griego se encontraban aún muy próximas respecto del pensamiento mítico-religioso. Conviene, pues, detenernos brevemente en las características que definen a los dos máximos promotores de este tipo de pensamiento, a saber, los adivinos y los poetas, pues de esta manera estaremos en mejores condiciones de entender el origen en Grecia del pensamiento racional como superación del pensamiento prefilosófico.

Para el pueblo griego, en el mundo podía constatarse una presencia sagrada que en la gran mayoría de los casos era reconocida como divina. Los asuntos humanos debían regirse de acuerdo con esta presencia sagrada, pues, de lo contrario, podían desencadenarse conflictos que pondrían en peligro el mundo de los hombres. Ahora bien, como los dioses habitaban en regiones remotas o de difícil acceso, lo sagrado se encontraba normalmente oculto, lo cual ocasionaba que los seres humanos sólo pudieran entrar en contacto con la divinidad en contadas ocasiones. Por ello, para que existiera un vínculo y una vía de comunicación constante entre lo humano y lo sagrado, la divinidad ─según la creencia del pueblo griego─ había elegido a los adivinos y a los poetas como mediadores entre lo divino y lo humano.

Por lo que se refiere a los adivinos, ya fuera a través de la interpretación de presagios o por mediación de visiones, sabemos que éstos ofrecían al resto de la comunidad el conocimiento de la voluntad divina que, por lo general, permanecía oculta para el común de los mortales. Respaldados por el dios Apolo, el cual les había otorgado su don, los adivinos eran capaces de entrar en contacto con lo sagrado y, de esa manera, podían descifrar el presente, ver el pasado y anticipar el futuro. A continuación citamos dos textos pertenecientes a los poemas de Homero donde se describen con suficientes detalles las capacidades de adivinos míticos como Calcante o Teoclímeno.
«[...] entre ellos se levantó el Testórida Calcante, de los agoreros con mucho el mejor, que conocía lo que es, lo que iba a ser y lo que había sido, y había guiado a los aqueos con sus naves hasta Ilio gracias a la adivinación que le había procurado Febo Apolo»; [Homero, Ilíada, I, 68-72].
«“¡Desgraciados! ¿Qué mal os aflige? Sumidos en noche vuestros rostros están, las cabezas, las mismas rodillas; el sollozo os abrasa, las caras se os cubren de llanto; las paredes chorrean de sangre [...]; el vestíbulo llenan y pueblan el patio fantasmas que a las sombras se lanzan del Érebo; el sol en el cielo se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo. [...] Ojos tengo y oídos y tengo dos pies bien servibles y una mente por dentro cabal y sin tacha. Con ellos a la calle me iré, porque veo el desastre que viene sobre todos vosotros; ninguno podrá desviarlo ni rehuirlo entre tanto galán como en casa de Ulises el divino insultáis a los hombres tramando maldades”»; [Homero, Odisea, XX, 351-357 y 365-370].
En cuanto a los poetas o aedos, éstos fueron durante siglos los encargados en Grecia de educar a la población. En efecto, durante la Época Oscura de Grecia (siglos XII-IX a.C. aproximadamente) los griegos perdieron y olvidaron la técnica de la escritura. En consecuencia, no tenían historiadores. Sin embargo, los poetas cumplían perfectamente con las funciones de éstos, pues, según la creencia griega, recibían de las Musas, hijas de Zeus, la inspiración necesaria para cantar los acontecimientos y hazañas del pasado como si ellos mismos hubieran estado presentes. En este respecto, a continuación citamos dos pasajes, uno de la Odisea de Homero y otro de la Teogonía de Hesíodo, donde pueden apreciarse perfectamente las capacidades evocadoras de los poetas griegos.
«“¡Oh Demódoco! Téngote en más que a ningún otro hombre, ya te haya enseñado la Musa nacida de Zeus o ya Apolo, pues cantas tan bien lo ocurrido a los dánaos, sus trabajos, sus penas, su largo afanar, cual si hubieras encontrádote allí o escuchado a un testigo”»; [Homero, Odisea, VIII, 487-491].
«[Las Musas] en cierta ocasión enseñaron un bello canto a Hesíodo mientras apacentaba sus corderos al pie del divino Helicón. He aquí las palabras que en primer lugar me dijeron las diosas, las Musas olímpicas, hijas de Zeus, [...]: “Pastores rústicos, [...], sólo estómagos, sabemos decir muchas mentiras semejantes a verdades, pero sabemos, cuando lo deseamos, cantar verdades”. Así dijeron las hijas bien habladas del gran Zeus; me dieron un cetro tras haber cortado un admirable retoño del florido laurel; me infundieron una voz divina para que celebrara lo venidero y lo pasado, y me incitaron a celebrar el linaje de los felices sempiternos»; [Hesíodo, Teogonía, 21-32].
Gracias al contacto privilegiado que los poetas y adivinos mantuvieron con lo sagrado, éstos siempre aparecieron ante los ojos del pueblo griego como portadores de la verdad; es decir, su palabra fue siempre tenida por verdadera y, por lo tanto, rara vez era puesta en duda. La filosofía, representada principalmente por Platón, criticó duramente esta concepción de la verdad, pues la consideró errónea.

La religión pública griega y los misterios órficos

Cuando se habla de la religión griega es preciso distinguir entre la religión pública y la religión de los misterios. Ciertamente, entre ambas formas de religiosidad existieron numerosos elementos comunes ─como, por ejemplo, su politeísmo─, sin embargo, también existieron diferencias significativas que justifican sobradamente que tratemos ambas expresiones religiones de forma independiente.

Homero, Hesíodo y el conjunto de los poetas y aedos griegos constituyeron el punto de referencia para las creencias de la religión pública. Como ya hemos dicho, los poetas fueron durante siglos los únicos educadores del pueblo griego. Por ello, si a esto añadimos la creencia en considerar su canto como divino y verdadero, no debe extrañarnos que fueran ellos los padres de la religión pública griega. Según la descripción de los poetas ─y especialmente la de Homero─, prácticamente todo lo que sucede en el mundo está motivado por la intervención divina. En efecto, los dioses no sólo son la causa y origen de fenómenos como el rayo, los terremotos o la aurora, pues, además, también les place involucrarse constantemente en los asuntos humanos provocando guerras y rivalidades, enviando epidemias e, inclusive, manteniendo relaciones sexuales y afectivas con los humanos. Ahora bien, ¿quiénes son realmente éstos dioses? Como han puesto de manifiesto los expertos, estas deidades son fuerzas de la naturaleza personificadas y divinizadas, así como aspectos psíquicos, morales y políticos del hombre elevados al rango de divinidades personales. Aurora, por ejemplo, es la deificación del fenómeno natural consistente en la aparición de las primeras luces diurnas antes de la salida del sol; sin embargo, Afrodita, la diosa del amor, no representa ya ninguna fuerza natural, sino una pasión humana sublimada.

Con todo, la religión pública no fue suficiente para satisfacer el sentimiento religioso de todos los griegos, lo cual favoreció la aparición y desarrollo de una religión alternativa entre determinados círculos de la población, a saber, la religión de los misterios órficos. El orfismo, que debe su nombre al poeta mítico Orfeo, tiene una importancia fundamental en la historia de las creencias religiosas griegas, pues introdujo una nueva concepción de la existencia humana que no estaba presente en la religión oficial de ascendencia homérica. Según ésta última, cuando el hombre moría, con él lo hacía también la parte racional de su ser. Al Hades descendía entonces una especie de sombra de lo que había sido el ser humano, pero en ningún caso el alma del difunto. La concepción dualista del ser humano, según la cual éste está formado por un alma intelectiva y un cuerpo, irrumpió en Grecia por primera vez a través del Orfismo. De acuerdo con los misterios órficos, el alma humana es inmortal, lo cual quiere decir que ésta preexiste al cuerpo y sobrevive a su muerte reencarnándose sucesivamente en otros cuerpos distintos. Este ciclo constante de nacimientos y reencarnaciones sólo podía ser detenido a través de una serie de conocimientos mistéricos que los iniciados en el orfismo debían aprender, pues sólo así sus almas terminarían liberándose de toda atadura corporal y podrían reencontrarse con la divinidad en el Más Allá. La influencia del orfismo sobre la filosofía griega fue fundamental, pues sin él difícilmente podría comprenderse el pitagorismo, y sin éste difícilmente podría comprenderse a su vez el pensamiento de Platón de manera óptima.

 Ulises y las sirenas (cerámica griega)